sábado, 11 de mayo de 2013

Amigo


Amigo

A vos que izás mis banderas y me cuidás de mis abismos.


Todo árbol se florece cuando decide en sí mismo
aceptarse el desamparo,
las excusas
y el olvido.
Descubrirse en los capullos de las hojas y los trinos
la primavera inequívoca y el invierno sutilísimo.
Comprenderse que el cielo es glorioso lienzo o nido vívido,
solo mera perspectiva o el más humano destino.


Como el árbol, yo, Mujer, mis banderas he extendido.
A veces helados inviernos
como voraces abismos,
como noches de mareo, cuando nada está en su sitio,
como mentirosos ángeles me negaban el alivio.

Para florecerme en hojas y en cantos sostenidos
un alguien cortó las ganas de reelegir el suicidio,
ayudó a ordenar las horas descubriendo su sentido
y me angeleó la casa para desandar el frío.
Encontré sumado a mi tiempo su tiempo ofrecido,
las razones y verdades trenzadas con su cariño,
la paciencia toda de que mi corazón se hallara a sí mismo.
Y siempre lejos de su alma y de su boca estuvo el juicio.


Solo a quien bendice así una vida se lo llama amigo.

                                                                 Marcela Orellana
                                                        En: Recursos internos -inédito-.

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