Amigo
A vos que izás mis banderas y me cuidás de mis abismos.
Todo árbol se florece cuando decide en sí mismo
aceptarse el desamparo,
las excusas
y el olvido.
Descubrirse en los capullos de las hojas y los trinos
la primavera inequívoca y el invierno sutilísimo.
Comprenderse que el cielo es glorioso lienzo o nido vívido,
solo mera perspectiva o el más humano destino.
Como el árbol, yo, Mujer, mis banderas he extendido.
A veces helados inviernos
como voraces abismos,
como noches de mareo, cuando nada está en su sitio,
como mentirosos ángeles me negaban el alivio.
Para florecerme en hojas y en cantos sostenidos
un alguien cortó las ganas de reelegir el suicidio,
ayudó a ordenar las horas descubriendo su sentido
y me angeleó la casa para desandar el frío.
Encontré sumado a mi tiempo su tiempo ofrecido,
las razones y verdades trenzadas con su cariño,
la paciencia toda de que mi corazón se hallara a sí mismo.
Y siempre lejos de su alma y de su boca estuvo el juicio.
Solo a quien bendice así una vida se lo llama amigo.
Marcela Orellana
En: Recursos internos -inédito-.
Marcela Orellana
En: Recursos internos -inédito-.